Posteado por: FILATINA | 28 noviembre, 2006

El dilema actual del orgullo

EL ORGULLO NO ES UN ANILLO

 

Si para demostrar una característica distinta y enfatizar sus propiedades adecuadas en un medio contestario hace falta recurrir al sentimiento de orgullo, entonces es dable inducir que el sistema, a pesar de todo, reubica a sus jodidos durante todo el tiempo que haga falta hasta el reconocimiento taxonómico de las excepciones propuestas. O que algo distinto está sucediendo que amerita romper el silencio dogmático, o a asesinar al nido de la divergencia.

 

La primera señal del conflicto entre las muchedumbres proviene, siempre, de una acusación kafkiana sobre la improcedencia de la defensa de conductas que atentan contra la estabilidad de lo que las mayorías consideran como representando la base de su sustento moral.

 

Sustento al que que la conducta de otros mercenarios, simbióticos y aprovechadores, en principio califican de “imprescindibles”.

 

Y posteriormente se dedican a eliminar prolijamente la temática y sus fuentes de conflicto mediando una exhibición desmesurada en los medios de comunicación de las presuntas monstruosidades que reemplazan a otras que resultan en dilemas morales que de ninguna manera se resuelven tan sencillamente.

 

No es lo mismo matar gente sin aviso que no engendrar a alguien por divertirse homosexualmente. Y aunque el balance moral sea pésimo para la primera opción, pocos son los que se dan cuenta que la propaganda guerrera se basa fundamentalmente en lo contrario a la segunda.

 

Y entonces se acentúa la demostración del orgullo gay. Orgullo basado en imposturas que aprovechan un error que cualquiera entiende porque hasta la naturaleza actúa como puede. Y la ayuda un sistema poco humano que discrimina hasta donde el error se disimula y ayuda a esconder otras perversiones antinaturales.

Abrazos reiterados no concuspicentes.

 

Homa Al Plato

 

El mérito mayor de “La Gaya Ciencia” de Niestzche es que hemos sido notificados sobre la muerte del “Gallo”.

No hace ninguna falta, hoy, contratar a ningún otro cafishio. Si nos vamos a emputecer, el orgullo sobra.

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