Posteado por: FILATINA | 22 enero, 2007

El calamar, la brasa y el unguento.

El calamar asustado emite tinta para oscurecer el panorama de su atacante.

La brasa arde en la hoguera de las tribus que se defienden de la noche.

El unguento no cura las heridas de los lastimados.

Entonces:

1. El gran calamar y su lechada de calamaretes imprimen en papel corriente miríadas de bonificaciones y valetodos que impiden la visión y entusiasman a toda una manga de usurpadores que pululan por el océano cazando impropiamente a ejecutores de la molicie rentística de propiedades dudosas.

   Y cuando las propiedades no son defendibles entonces sobreviene el entintado casual del progreso de la mancha y de la gota que se derrama en un mercado de peces que se lo han creído porque vagan mientras respiran agua.

   De todos los peces de la mar incógnita el más avezado hasta hoy es la carpa. Han Juntado es su capitán. Han Juntado y su cohorte de carpas tienen tanta tinta de calamar como para asustar a cualquier imprentero desprevenido. Tan To Es Así es su contador preferido. Y el Gran Calamar tiembla porque el verso gráfico en los papeles se le vuelve en contra como papel de diario que el día de mañana servirá para envolver los restos de una cena indigesta de Sushi porque es así como a lo que venga habrá de vérselas sin tanto verso.

2. Y la brasa arde como un grano en el culo. Y no toda brasa es tan poderosa en términos de eficiencia y efectividad como la nuclear. Cualquier otra solución lo es muchísimo menos. Océanos de carbón, oleaginosas, viento y sol, hoy no alcanzan a justificar la tranquilidad buscada mientras nos fumamos el oro negro.

 Mejor habría sido decir nos fuman.

 Mientras tanto deberíamos pensar que si tanto petróleo se usa y se abusa en producir una sensación de robo cotidiano entonces podríase pensar en construir más hogueras con brasas eficientes y menos hogueras de vanidades mercantiles.

 Mover y producir cualquier cosa con combustibles alternativos derivados de la producción agrícola o del reciclaje nos condena a muchos a la extinción de nuestra llama sagrada mucho antes de lo previsto. Por falta de combustible apropiado, en tiempo y forma.

 El hombre es lo que come. Y si no come se muere sin remedio.

 Y si alguien va a sobrevivir por falta de criterio entonces a llegado la hora de que los que vamos a morir los saludemos como corresponde y sin eufemismos.

 La revolución energética no es para nada ideológica y si alguien sueña con una religión que la evada entonces ha llegado la hora  de confrontar tanta idiotez.

 Toda supervivencia de unos pocos se vuelve inexorablemente en contra. Pronto, cerca y lastimosamente. Hay generaciones futuras que debemos proteger.

3. Evitemos los unguentos de los maestros sacerdotes que nos recetan a diario la droga adormidera de la salvación por el combate contra lo que no existe.

 Hay vida solamente después del nacimiento y antes de la muerte. El resto es puro verso.

 Y evitemos en lo posible que alguien apresure o tergiverse los tránsitos entre nuestros propios y legítimos cambios de estado. Sin organización no hay vida pero la organización de la vida no es patrimonio de los que atentan contra ella. Es patrimonio de todos y cada uno de los que viven. Se nace cuando se respira y se muere cuando se expira. En el entretiempo se debe evitar todo lo que conspira.

 La cama turca que pretende hacernos el batipapa no es un muy buen ejemplo de supervivencia.

Abrazos.

Homa

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